Tokenizar la “e” de esgEste artículo es fruto de mi Trabajo de Fin de Máster, «Eco-Impact y Eco-Venture Token: Tokenizar la ‘E’ de ESG», dirigido por Doña Carmen Pastor Sempere y que obtuvo la máxima calificación el día 13 de diciembre de 2024 en el edificio de postgrado de la Universidad CEU San Pablo en Madrid. El tribunal estuvo compuesto por Don Alfonso Martínez-Echevarría, Doña María Jesús Blanco y Don Javier Pascual Maldonado.

Tokenizar la «E» de ESG: una nueva visión para la inversión sostenible

Bajo el título «Tokenizar la ‘E’ de ESG: La protección del medio ambiente a través de la tecnología blockchain», este artículo explora cómo la tokenización y la tecnología blockchain pueden impulsar la inversión sostenible, proporcionando transparencia, mecanismos de verificación de impacto ambiental y facilitando la alineación con estándares internacionales medioambientales.

Rachel Carson, en su célebre Silent Spring, afirmaba: “en la naturaleza, nada existe en soledad”. Todo lo que es influye en el devenir de lo que lo rodea, y de lo que será. Tal vez Hobbes, evocando a Plauto, tenía razón al decir que homo homini lupus est, no tanto por la ambición desmedida o la competencia extrema, sino porque, en última instancia, estamos “condenados” a convivir. Y esa convivencia, como anticipaba Jacques Cousteau en su Decálogo del Mar y en la Carta de Derechos de las Futuras Generaciones, no solo nos concierne a nosotros, sino también a las generaciones futuras.

Precisamente desde esa responsabilidad intergeneracional, el derecho al medio ambiente, consagrado en el artículo 45 de nuestra Constitución, se configura como un bien jurídico colectivo, cuya exigibilidad en el plano individual se ve dificultada por su dinamismo y carácter difuso. De ahí que el Tribunal Supremo, en su Sentencia de 25 de junio de 2008, atribuya a la sociedad civil y, en concreto, a las ONGs, la responsabilidad de velar por su defensa ante los tribunales.

Álvaro Aramendi Baro

Finanzas sostenibles: más allá de la inversión verde

Ahora bien, el reconocimiento de esta responsabilidad colectiva no excluye la necesidad de desarrollar mecanismos alternativos que permitan reforzar la protección del medio ambiente más allá del ámbito jurisdiccional. La democratización de la tecnología abre nuevas posibilidades de participación ciudadana y control social. En este sentido, la descentralización inherente a la Web 3.0 y a la tecnología blockchain ofrece la oportunidad de prescindir de intermediarios y generar soluciones innovadoras que aborden los problemas desde la raíz. Y la raíz del problema sigue siendo la misma: si implementar políticas de desarrollo sostenible supone una reducción de los beneficios netos de una sociedad, no interesa. De hecho, el coste de hacer frente a una sanción por incumplimiento de requisitos medioambientales es, en muchas ocasiones, incluso menor que el gasto que se ha de asumir para su adopción.

Es precisamente ante esta realidad donde adquiere protagonismo el concepto de “finanzas sostenibles”. Se trata, en última instancia, de transformar el sistema financiero, alineándolo con conceptos como la economía circular y el desarrollo sostenible, para contribuir a crear una economía justa y equitativa, y no limitarse a una simple inversión de capital en empresas ecológicas, “verdes” o socialmente responsables. Entender las finanzas sostenibles de otra forma sería volver a caer en prácticas de greenwashing. Para que puedan cumplir esta función transformadora, resulta imprescindible contar con criterios que permitan evaluar objetivamente su impacto, como los ESG.

ESG y el reto de evitar el greenwashing

Los criterios ESG, como marco evaluativo del desempeño ambiental, social y de gobernanza de una organización, han dejado de ser simples indicadores reputacionales para convertirse en elementos centrales en la toma de decisiones de inversión. Sin embargo, uno de los mayores retos que enfrentan los actores del mercado es garantizar que los informes ESG no se reduzcan a ejercicios de greenwashing, sino que reflejen fielmente la realidad operativa y estratégica de las compañías. Para ello, es necesario dotar al sistema de mecanismos de auditoría independientes, permanentes y accesibles, capaces de verificar, en tiempo real, el grado de cumplimiento de los compromisos ESG asumidos.

La importancia de los estándares internacionales: normas ISO y ESG

En este contexto, la conjunción con los estándares internacionales, como las normas ISO, se revela fundamental. Normas como la ISO 14001, relativa a los sistemas de gestión ambiental, o la ISO 50001, sobre gestión energética, permiten establecer procedimientos verificables y certificados de actuación responsable que, integrados en las políticas empresariales, facilitan la evaluación objetiva del desempeño medioambiental. De este modo, los indicadores ESG no se construyen desde una subjetividad discrecional, sino sobre bases técnicas y normativas contrastadas y armonizadas a nivel global.

Blockchain como garantía de transparencia y trazabilidad ambiental

La tecnología blockchain aparece, entonces, como el eslabón necesario para cerrar este círculo de confianza. Su capacidad para registrar datos de manera inmutable, descentralizada y transparente proporciona la infraestructura ideal para alojar la información relativa al cumplimiento ESG, así como las certificaciones y auditorías derivadas de los estándares ISO. Mediante la integración de oráculos —mecanismos que permiten introducir información verificada del mundo real dentro de la cadena de bloques— es posible incorporar datos procedentes de auditorías externas, inspecciones o sensores ambientales, asegurando su trazabilidad y resistencia frente a manipulaciones.

La tokenización como herramienta para captar financiación sostenible

Estos avances tecnológicos solo alcanzan su máximo potencial cuando se integran en estrategias de inversión comprometidas, como las que impulsan las sociedades de capital riesgo especializadas y los fondos de inversión, aunque también las entidades de crédito. Su cometido no se limitaría a proporcionar financiación, sino también a orientar estratégicamente a las empresas participadas para asegurar que sus operaciones cumplen con estándares ambientales verificables y sostenibles en el tiempo. Así, estas sociedades pueden actuar como garantes de la calidad ESG de las startups y pymes tecnológicas que impulsan, incorporando cláusulas que vinculen el acceso al capital a la obtención de certificaciones ISO específicas o al cumplimiento continuado de indicadores de impacto medidos y registrados, de manera transparente, en redes blockchain.

Partiendo de esta premisa, resulta viable articular vehículos de inversión colectiva que seleccionen y financien proyectos tecnológicos comprometidos con la protección ambiental, combinando mecanismos de tokenización para facilitar tanto la captación de capital como la medición objetiva del desempeño sostenible. La idea consiste en que los inversores no solo adquieran derechos económicos sobre la sociedad gestora, sino que además puedan acceder, a través de herramientas digitales integradas en blockchain, a información verificable sobre el grado de cumplimiento ambiental de los proyectos financiados, garantizando así una gobernanza transparente y un alineamiento real con los principios de las finanzas sostenibles.

Esto se podría conseguir gracias a una estructura, basada en un sistema de doble tokenización que permitiría, por un lado, captar financiación mediante un primer token que represente derechos económicos –participación en los beneficios- y, por otro, recompensar el impacto ambiental medible de los proyectos a través de un segundo token vinculado a indicadores ESG y normas ISO auditables, generando así incentivos alineados con la sostenibilidad real.

Inteligencia artificial y blockchain: una alianza para la sostenibilidad

Mirando hacia adelante, la inteligencia artificial emerge como un aliado estratégico en la evolución de estos modelos. Su integración permitiría procesar grandes volúmenes de datos ambientales procedentes de auditorías, sensores IoT y reportes normativos, identificando patrones, anticipando riesgos de incumplimiento y generando alertas tempranas que refuercen la fiabilidad de los indicadores ESG alojados en blockchain. Asimismo, su aplicación facilitaría la automatización de procesos de evaluación y scoring ambiental de proyectos candidatos a financiación, garantizando una selección más precisa, objetiva y eficiente de las iniciativas con mayor potencial de impacto positivo, contribuyendo así a consolidar modelos de inversión verdaderamente alineados con los principios de sostenibilidad y transparencia que demanda el actual contexto jurídico y económico.

En definitiva, la tecnología blockchain, los criterios ESG, las normas ISO, las finanzas sostenibles y la inteligencia artificial, no son elementos aislados ni compartimentos estancos. Solo desde su integración coherente y coordinada es posible construir un modelo económico que garantice un desarrollo verdaderamente sostenible, donde la transparencia, la objetividad y la corresponsabilidad sean pilares inquebrantables. Frente a la fragmentación de soluciones parciales, se impone una visión sistémica, capaz de entender que la protección del medio ambiente no puede depender únicamente de voluntades individuales, sino de estructuras jurídicas, técnicas y financieras que hagan viable y verificable el compromiso colectivo. Porque, al fin y al cabo, como recordaba Rachel Carson, en la naturaleza, nada existe en soledad.